
Osvaldo, nuestro portero toledano-cubano
Nuestro portero se llama Osvaldo. Osvald, para Laura*, mi compañera de piso, que yo creo que es el nuevo mito erótico de mi "guardador de finca" (le voy a llamar así, que merece como más importancia), bonachón, pequeñito, de edad indefinida ... y que pertenece a esa raza de hombres (me refiero a hombres, en masculino) que en época estival lucen pantalones de tonos pasteles (hoy, amarillo claro de amanecer, que más bien parece el nombre de un tinte de pelo: "rubio natural rallos de sol")*.
Total, que Osvaldo no es un cubano fortachón que se pasee por el portal con su camiseta de tirantes blanca, marcando pectorales y luciendo tono moreno natural en su tersa piel. Osvald, Osvaldito, no saluda con un "mi amol, buenos días", enseñando una dentadura perfecta cuando me ve salir del portal cada mañana. Osvald (que además en diminutivo así como cariñoso parece aún más cubano todavía) habla entre dientes ... y me da la impresión que de dentadura reluciente poco ... Sisea un poco, se dice secretos a sí mismo, pero no da mala impresión como sucede con algunas personas, que parece que hablan "por lo bajini" soltando maleficios y deseando el mal a los de al lado.
Osvald no es de esos. Al principio teníamos nuestras dudas, pero al final nos hemos dado cuenta de que es el único que se salva de nuestra comunidad de vecinos. Y eso da para otra historia, porque nuestro vecindario es de los que seguro que tienen muñecos de budú y se dedican a fastidiarse los unos a los otros los riñones o se provocan migrañas galopantes. Yo estoy convencida que la del 4ºE con la del 3ºA tienen declarada una guerra abierta, con trincheras en el descansillo. Seguro. Yo vivo en el 1º así que no lo he comprobado, pero es que hasta me hace gracia pensar el campo de batalla que hay montado unos pisos más arriba. Aunque sea todo producto de mi imaginación. De ilusión también se vive.
Osvald. Osvald es de Toledo, tiene toda la pinta. Pero para nosotras será ya del Toledo cubano. Del de siempre, del de toda la vida. Es seguir por la Nacional VII y coger el primer desvío. En un par de horitas te plantas allí. Osvald lleva sus pantalones amarillos de verano calzados hasta la sobaquera, y luce unas sandalias de esas que no parecen sandalias porque no dejan ver ni un poquejo de pie (aprovecho para hacer una pregunta que siempre me ha reconcomido: ¿alguien entiende la finalidad -y la estética- de esas sandalias?)*.
Osvald se esconde detrás de su mesita de portero y hace como que lee los prospectos de rebajas de las grandes tiendas de menaje del hogar que llegan al correo de los vecinos como propaganda, pero yo sé que realmente disimula para que no se note que está cabilando historias de amor pasional, enfermizo y adolescente, con la señora casada del 2ºB ... Es más, yo creo que Osvaldo tiene una inteligencia y una creatividad desbordantes, y está tramando una novela sobre este edificio que será un best seller. Tiempo al tiempo. Y yo seré la primera que me ponga en la cola para que me lo firme, porque más información que tiene nuestro querido Osvaldito no la tiene nadie ...
Total, que inteligente es un rato, se le ve a la legua, y además lo tenemos más que comprobado. El tío, en un "asícomoquiennoquierelacosa", nos ha hecho la instalación eléctrica de media casa, que como viene a ser de la preguerra prehistórica (antes incluso que existieran los PicaPiedra) funciona un poco a golpe de chispa de choque de piedras y eso tan ecológico (en el fondo). Y el ambiente tan acogedor que ahora mismo se respira en nuestro recién estrenado hogar, con esa tenue luz azulita que ambienta el recibidor de nuestro piso, es resultado de la dedicación y el empeño de este hombre ... Portero, pero también cubano en su foro interno, y hasta electricista y escritor de éxito por explotar. Y seguro que con eso de sus susurros tiene engatusadas a maduras mozuelas que suspiran por sus huesos ... Y no tan maduras.
El caso es que lo mismo te hace un empalme (...) que lo mismo te sube las bolsas del súper. -Déjelo, Osvaldo, de verdad ...Si total voy al primero...y además voy en ascensor...- Pero el hombre insiste, y ahí está, con su camisa de manga corta y rallitas a juego con sus pantalones -hoy especialmente arriesgados: rosa palo- y sus mocasines blancos ... Hecho un pincel, sí señor ... Somos la envidia de todos los portales del barrio. Porque Osvaldo se apoya ligeramente en la puerta de entrada, observando la calle, con esa humildad suya (que es la que tienen las grandes figuras, las auténticas) con esa mirada tímida pero arrebatadora que lanza por encima de sus gafas siempre un poco sucias ... y no hay portero mejor, ni mejor recibimiento al llegar a casa. Es más, me atrevería a decir que no hay persona mejor. Ese es el sentimiento que aflora cuando le ves ahí, cumpliendo con su obligación como todo un profesional pero sin descuidar su encanto personal. Y lograr ese equilibrio es complicado.
Y yo intento resistirme a esa mirada picaruela día a día. Y cada vez me resulta más complejo ... Vamos, que yo espero con más ganas el saludo de Osvald que el de mi querido. Yo que sé, no me he llegado a preocupar. Como diría mi madre "son amores distintos". Osvald es Osvald y ... éste otro que vive conmigo ... mmm...
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sí, hombre, este
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[Historia basada en hechos reales]
*Laura: nombre ficticio para preservar su intimidad.
*Modelos veraniegos tonos pastel de hombre y sandalias-nosandalias:
Siento si alguien se siente ofendido al respecto ... O no :)
Nota: la portería de la foto NO es la de mi casa ... :)
violeta, agosto-08
8 comentarios:
un buen portero es como una buena suegra: si te toca es un premio, una gozada; como te salgan malos, uf...
¡larga vida a Osvaldo!
No si la ley de la competencia es implacable la muy jodia!
Muakas preciosa!
Buen portero, buena entrada en casa,empezar bien es acabar mejor.
Curioso osvaldo
Saludoooossssssssssss
jeje, cómo molan los porteros eh??
pues el nuestro no es portero sino técnico de mantenimiento, jate tú los nombres modernos
toledano cubano es posible?
te veo luego
muaaaa!
Me ha encantado tu portero, yo quiero uno así.
Leyendo tu estupendo relato me ha venido a la memoria una novela deliciosa sobre una portera parisina que intenta disimular que es culta y que no hace nada de lo que se supone debería hacer una portera. Te lo recomiendo, después de leerlo, aún querrás saber más de tu portero cubano de Toledo que viste tonos pastel, que es algo así como las sandalias que no enseñan los pies. Porque el marrón no es un tono pastel ni el fucsia tirando a bermellón, y a mí sólo me gustan los pasteles de chocolate o de frambuesa.
El libro es: La elegancia del Erizo de Muriel Barbery.
Txe, que me precede en el comentario, también escribió un relato muy bueno sobre su portero, y también le recomendé el libro.
Qué pesadita me pongo.
Besitos, Violeta.
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