sábado, 29 de enero de 2011




Mil soles espléndidos (Khaled Hosseini)


Traducción del inglés de Gema Moral Bartolomé.Editorial Salamandra, Barcelona 2007

"eran incontables las lunas que brillaban sobre sus azoteas,
o los mil soles espléndidos que se ocultaban tras su muros" 
(Saeb-e-Tabrizi, poeta persa del siglo XVII)




"Hija ilegítima de un rico hombre de negocios, Mariam se cría con su madre en una modesta vivienda a las afueras de Herat. A los quince años, su vida cambia drásticamente cuando su padre la envía a Kabul a casarse con Rashid, un hosco zapatero treinta años mayor que ella. Casi dos décadas más tarde, Rashid encuentra en las calles de Kabul a Laila, una joven de quince años sin hogar. Cuando el zapatero le ofrece cobijo en su casa, que deberá compartir con Mariam, entre las dos mujeres se inicia una relación que acabará siendo tan profunda como la de dos hermanas, tan fuerte como la de madre e hija. Pese a la diferencia de edad y las distintas experiencias que la vida les ha deparado, la necesidad de afrontar las terribles circunstancias que las rodean —tanto de puertas adentro como en la calle, donde la violencia política asola el país—, hará que Mariam y Laila vayan forjando un vínculo indestructible que les otorgará la fuerza necesaria para superar el miedo y dar cabida a la esperanza"

¿Por qué me ha gustado tanto este libro?:


  • Porque muestra la realidad de un país, Afganistán, vapuleado por las guerras civiles, por los intereses occidentales...
  • Porque nos cuenta toda esta realidad histórica pero dentro de una historia novelada, lo que permite que estos datos históricos sean más sencillos de interiorizar.
  • Porque muestra la realidad de las mujeres afganas, pero también de las mujeres en general, cuando sufren violencia de género. Creo que existen ciertas religiones o ciertas maneras de interpretar ciertas religiones (mejor dicho), que desprestigian a las mujeres, las reducen a meros objetos de sus parejas varones. Pero. También creo que aunque esto es cierto, no puede esconderse una realidad estructural tan flagrante (la violencia sobre las mujeres, que es el escalón más dramático de la desigualdad estructural por razones de género) en la justificación de "porque es una religión machista". De hecho, en el libro aparecen hombres musulmanes machistas y hombres musulmanes igualitarios. La desigualdad de las mujeres existe más allá de religiones, clases sociales, países y razas.
  • Precisamente: no estigmatiza a una religión, sino que define a las personas al margen de religiones, ideologías.
  • Porque expone las redes de solidaridad y ayuda mutua que se trazan entre las mujeres.
  • Porque es un libro muy duro pero escrito con enorme belleza. Aunque cuenta con episodios muy desagradables, consigue el efecto de sensibilizar al respecto, y no espantar ni generar rechazo ante la lectura (y abandonar el libro).
  • Porque muestra la enorme capacidad de los seres humanos para sobrevivir y salir adelante.
  • Porque aunque cuenta una realidad que a muchos y muchas nos es ajena (por la distancia del país, de las costumbres...) logra sumergir en la historia desde el primer momento.
  • Porque enseña lo importante que es contar con referencias en la vida (lugares, personas, historias).
  • Porque es un libro que además de entretener, ENSEÑA, SENSIBILIZA, Y TAMBIÉN DENUNCIA.
  • Porque ha conseguido que, por lo menos por una vez, abandone el prejuicio de no leer "Best Sellers" y darme cuenta de que algunos, efectivamente, se merecen serlo.

Khaled Hosseini nació en Kabul, Afganistán. Desde 2006 es Embajador de Buena Voluntad de la ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas Para las Naciones Unidas). EN 2007 puso en marcha una Fundación destinada a proporcionar ayuda humanitaria a la población de Afganistán: www.khaledhosseinifoundation.org)

jueves, 27 de enero de 2011



Tiza, "Conmigo". Sala Galileo Galilei, Abril 2006.

sábado, 22 de enero de 2011



el martes 25 de enero (este martes que viene), a las 19. 30, tendré el placer de compartir poemas con Rafael Sarmentero y Marta Fernández La Bohe, en el Centro Cultural Joaquín Leguina, que está en la calle Ramírez de Prado, 3, metro Delicias.

¡Nos encantará que nos acompañéis!

(Ah! por favor, sed puntuales...)

viernes, 21 de enero de 2011





estoy harta de la precariedad que rodea mi vida
mejor:
que la invade

mi oficina está apuntalada de arriba a abajo
no voy al baño por miedo a que al tirar de la cisterna se caiga el techo agujereado
así que como vivo al lado del trabajo
me escapo para mingitar con tranquilidad en mi wáter de madera calentito
a todo esto
la semana pasada no pude entrar en mi propia casa
porque la puerta se resistía a dejarme pasar
y tuve que experimentar tremenda vergüenza
cuando salió el vecino de enfrente para acogerme en su pisito reformado
con muebles de diseño
/el famoso diván de Le Corbusier/
tengo 30 años y me amenazan las canas pero de vez en cuando me visitan los granos
así que pido a la madre naturaleza
que por favor se apiade de mí: una cosa u otra
/que me crea trastornos con respecto a mi edad real/
esto sin comentar
que creo que no estoy mal
pero que nunca seré una chica explosiva
/tampoco me he esforzado mucho en ello
todo hay que decirlo
pero todo es ponerse/
nunca puedo pasar de la serie Lack del IKEA
y los amigos de mis padres entran en shock
cuando ellos les dicen lo que gano en mi trabajo
eso sí
muy vocacional
queda muy poético
pero
joder
no me da ni para una escapadita ocasional a La Pedriza
/no me quejaré demasiado sobre este aspecto
porque la cosa está muy mal para todo el mundo/
hablando de la poesía
la verdad es que podría haberme dado por un hobbie
que económicamente me ofreciera alegrías
y
bueno
como no quiero caer en las redes sociales masificadas
/por esta cosa absurda que mantengo de querer ser diferente de vez en cuando
ya ves tú para lo que sirve/
no tengo feisbuk
y no me entero de nada
vamos, que soy una marginada social
igual que todas las personas para las que trabajo
solamente que ellos se pinchan drogas
pero bueno, cada uno tiene sus manías

total
que nunca voy a poder tener un hogar en propiedad
/si, que pasa, ahora quiero ser propietaria, terrateniente y capitalista/
ni una triste camiseta que no sea de las rebajas del Bershka
a no ser que olvide mis principios
y me case con un millonario que me mantenga
/el vecino, mismamente, que además me queda cerca/
o decida
seguir siendo precaria
que ya es casi una ideología
a falta de no poder acceder a la religión que practican
los que sí tienen dinero

.

recuerdo cuando era una joven universitaria
que pensaba que vivía en los años 70
/hasta iba con camisas de cuellos largos/
y estudié ciencias políticas para entender más la sociedad

y
al final
sólo soy otro resultado
de la sociedad que nos absorbe



violeta, enero 2011

miércoles, 12 de enero de 2011





en los hospitales las personas lloran
temen hacer visibles dolores que evitan
temen la imperfección en el cuerpo de los suyos


.


nos tumbamos en las camillas
bajo aquellas enormes luces inquisidoras de nuestras vergüenzas
y en nuestra desnudez
somos enormemente vulnerables
hasta cándidos
hasta inmunes al exceso de supervivencia 
perdemos dignidades o las vencemos sólo por mostrarnos


realmente en nuestra básica presencia
ausente de maquillajes
con la piel nerviosa
somos
mucho menos que la perfección de los órganos que nos recubren
estamos
a años luz de los que destrozan 
países
hemisferios
parajes protegidos
personas 


 y consciencias


.





violeta, enero 2011

domingo, 9 de enero de 2011

Seve Palomares, mi amigo Seve, dibuja así de bien.


Y os ofrece su arte por un módico precio de 50 euros. Qué regalo más original. Le dais una foto y él hace el retrato: de vuestra hija para la abuela, una foto de vosotras o vosotros de cuando erais pequeños para vuestros padres... Lo que os apetezca!

Si queréis poneros en contacto con él, dejadme un comentario y yo os paso su contacto.


;)

jueves, 6 de enero de 2011





Un chupito de anís, agua y zanahorias

Recuerdo la Noche de Reyes como una de las que esperaba con más ilusión en mi infancia. Y lo mantengo inmortalizado como si esa infancia hubiese sido ayer mismo. Tengo un recuerdo vivo, casi detallista de toda esa emoción que sentía, y aunque evidentemente ya no experimento la misma sensación, soy capaz de poner imágenes, sabores, olores… y puedo tomar el pulso a cómo sentía esta espera hace más de veinte años. Igual que soy capaz de volver atrás en mis cacerías de gamusinos. Es sorprendente cómo, y ahora me he dado cuenta, estas ilusiones infantiles, que nos son comunes a todos y todas, a mí en concreto me marcaron de manera importante, tal es esa presencia como si fuese una neblina invisible pero constante que existe en mi memoria no sólo de acontecimientos, sino incluso de sensaciones. Son estas pequeñas tradiciones, estas experiencias que nos unen en lo que es ser niño, o niña.

Aunque hace años que ya no vivo en casa de mis padres, esta noche vuelvo a dormir en la cama de mi antiguo cuarto, porque tenemos que levantarnos y ver todos juntos los regalos. Creo que el hecho de no dormir nada aquella noche, nerviosísima, y levantarse, y en pijama ir hasta el salón para ver la torre de sorpresas envueltas en coloridos papeles, es otra de las imágenes más nítidas que intento recuperar cada año, aunque las circunstancias vayan cambiando.

Esta noche duermo en mi antiguo cuarto, que compartía con mi hermana, que ya lo ocupa ella sola, y abro el cajoncito de la pequeña mesilla que separa las dos camas de noventa centímetros de ancho. Está lleno de las mismas cosas inservibles que lo llenaban hace cuatro años, cuando dejé de dormir en esta habitación.  Aunque ya no nos levantaremos a las siete de la mañana, inquietas, para ver cuánto de buenas han considerado los Magos de Oriente que hemos sido, el hecho de que esta noche yo vuelva a pasarla en esta casa con este motivo,  otra vez  compartiendo espacio con la hermana cuatro años menor que yo, sirve para seguir recuperando de año en año estas mismas pinceladas: despertarse por la mañana y comentar que hemos oído los cascos de los camellos, por ejemplo.   Es impresionante cómo es la imaginación de las y los pequeños. Yo estaba convencida de haber escuchando a los camellos; y sigo pensando que puede que sea cierto.

Hoy he vuelto a preparar lo indispensable para esta noche: zapatos bien limpios, y un pequeño tentempié que ofrecemos a Sus Majestades, en agradecimiento al largo camino realizado, y que se compone de tres copitas de anís para templar el frío, unos polvorones y dulces navideños para matar la falta de azúcar y el cansancio, un cuenco con agua y unas zanahorias para los camellos.

Tengo, asimismo, muy presente, el momento en el que me enteré que los Reyes Magos no existían. Los Reyes son los padres. Que es una de las frases hecha que todos hemos utilizado y oído alguna vez. Igual que digo que estos detalles los observo en mi retina como si estuviesen pasando ahora, y además los contemplo con ojos adultos, mi propia infancia, también me retrotraigo hasta aquel instante en el que fui consciente de una realidad de la que, en absoluto dudaba. Todos sabemos quién y en qué momento sucedió. Como muchas otras primeras veces o acontecimientos que marcan. Lo mío fue en plena cabalgata de Reyes, y en aquel estado de shock, recuerdo que me sentí absurda saludando a una persona que no sabía quién era, pero que no era el Rey Baltasar. Una madre le decía a su hijo, ya adolescente: “este año, ¿qué político será el rey Baltasar?” y soltó una risotada.  Y yo me quedé petrificada. Todo el ruido de niños y niñas gritando, peleándose por los caramelos que, desde las carrozas, caían como meteoritos, desapareció y se hizo el silencio.

Ahí, justo en ese instante. Esa es una de las primeras brechas que iban abriéndose en mi infancia, las que te obligan a hacerte mayor, sin quererlo. Creo que, para todas las personas, el descubrir que Los Reyes son los padres, es una de las fronteras que separa la infancia de la primerísima adolescencia, o juventud. Hay niños y niñas que pelean, que se resisten a crecer en ese momento y, aún sabiendo que quienes deben ser no lo son, se niegan a aceptarlo, se inventan otras historias para justificar una existencia por la que esperan cada seis de enero. Como digo, es impresionante la imaginación infantil.

Hace mucho tiempo ya de aquel descubrimiento. Pero sigo regresando a la casa familiar para abrir los regalos de Baltasar, mi rey, el día seis de enero. Y observo cómo los Reyes han pasado por allí: se han bebido el chupito de anís, se han comido los polvorones y las zanahorias están mordidas. Creer en los Reyes Magos puede creerse toda la vida. En todo esto, tiene mucho que ver mi madre, que sigue con emoción siendo fiel al ritual, adornando este día como cuando éramos pequeñas. Cuando las cosas se creen, existen. Igual que cuando se cree en la Amistad, en el Amor, en una misma o en uno mismo.

Ojalá siempre mantengamos las ilusiones de nuestra infancia, de cuando había días especiales, por mágicos. Es la esperanza que nos queda, frente a unos años que nos devuelven excesivamente realistas y pragmáticos. Si creemos en estas cosas tan significativas, seguro que, aunque nos vayamos haciendo mayores, nos seguirán ilusionando hasta los detalles más pequeños. La vida real, la vida bonita, está en estas experiencias que nos devuelven a nuestra primitiva existencia, en las que nos reconocemos.


Gracias, Baltasar.




violeta, enero 2011

martes, 4 de enero de 2011


.

ya 
no esperar por no saber qué hacer de mi vida

aún

.

pensar que si arrecia la lluvia de cuando no es primavera
yo
sí sabré cuándo 
empaparme

.





violeta.enero 2011