domingo, 27 de septiembre de 2009


[Forges]


hoy me senté en el parque de El Retiro a leer el periódico
como los que quieren aprovechar este último día de la semana
sin convertirlo en un largo lamento hasta el lunes

he buscado un banco vacío
con sombra
y he sacado del bolso la prensa y el suplemento de fin de semana
de una publicación que siempre se consideró de izquierdas

leo:
la nueva subida de impuestos afectará sobre todo a los mileuristas
que serán los que salven al país de la crisis


me da un ataque de risa
y
seguidamente
otro de pánico

un hombre con sombrero de paja que se acaba de sentar en la otra punta del banco
primero me observa asustado
y luego opta por irse haciendo como que alguien le espera mirando el reloj
y esas cosas

me da una ataque de risa
y
seguidamente
otro de pánico

qué responsabilidad tan enorme se me ha encomendado
y a la vez qué dilema:

sacar a cuarenta y seis millones de personas de esta situación
o sobrevivir al incremento del impuesto sobre el valor añadido


pero en cualquier caso
ninguna de las dos cosas pueden lograse
siendo mileurista










violeta. sept 09

lunes, 21 de septiembre de 2009

"Vejada y muerta una joven de 16 años en Valencia"
"Una mujer de 31 años, apuñalada en su piso"



quién contabiliza
quién
quién
las muertes por ser mujer
quién
morir en escaleras a la media noche
en portales vacíos
en humanidades que no acaban de encender la alarma
ser objeto por ser consideradas objeto
el poder de controlar cuerpos
y usar individualidades
como si fuesen monopolis para pasar la tarde
trapos para relumbrar engañosas
masculinidades
quién contabiliza puñaladas en el tórax
en el pecho
los pechos de las mujeres

apuñalados

es fácil entender la matáfora


quiénes se atreven a matar su propio origen
quiénes hacen más hondos los agujeros
a pesar de que mane la sangre

matar a personas por ser mujeres
herirlas hasta hacerlas sentir culpable de serlo
no volver a recuperar las ganas de querer con los muslos
que tengan miedo a los hombres
que crean que todos miran con ojos de animales sudorosos

en qué momento se creció la ortiga


yo muero cada vez que una mujer es muerta
yo muero cada vez que un hombre se olvida de que
es
por esa mujer que por eso se parece a su madre


yo hoy también he muerto
y todas

y todos




Las noticias completas en El País de hoy domingo:

http://www.elpais.com/articulo/madrid/mujer/31/anos/apunalada/piso/elpepuespmad/20090920elpmad_8/Tes
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Vejada/muerta/joven/anos/Valencia/elpepusoc/20090920elpepisoc_6/Tes




violeta, sept. 09

martes, 15 de septiembre de 2009

a l@s [no] premiad@s


leo que Vicente Valero ha sido el ganador del premio Loewe de Poesía
y que el premio al creador joven ha sido para un chaval
nacido hace 18 años
le llamaron por teléfono y decía
"no me lo esperaba, no me lo esperaba ..."
es de Nicaragua


y luego Cristina Peri Rossi
con su fantástica playstation
ha sido la única mujer ganadora de este premio
fue el año pasado

hago una reflexión
que
espero
se tome de forma neutral:
¿cómo puede ser que en veinte ediciones del premio no hubiera ganado nunca una mujer?
¿no hay mujeres poetas?
o lo que es peor: ¿las mujeres poetas son de mala calidad?
qué horror, acabo de caer en el tópico de la mujer objeto
pues entonces mejor así:
¿la poesía de las mujeres poetas es de mala calidad?
qué horror, seguimos cayendo en la costumbre de juzgar las palabras
/las ajenas
digo/

.
.
.


la de "copias por quintuplicado" que habrá deshechas en tiritas
por las máquinas esas que son capaces de destruir
efectivamente
hasta playstations
hasta ilusiones


yo respiro sabiendo que
repaso las fotos de estos dos años de vacaciones contigo
y te envío versos secretos que tú dejas caer
por tu bajo vientre
provocado
en su estado de reposo




[enhorabuena a l@s [no] premiad@s]




[ por alusiones:
Premio Fundación Loewe 2009: Vicente Valero con Días del bosque.
Premio a la creación joven para Carlos Fonseca con Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender.
Premio Fundación Loewe 2008: Cristina Pieri Rossi con Playstation. ]





violeta. sept 09

viernes, 11 de septiembre de 2009

El 13 de septiembre de 1969 fue el último día que Los Beatles grabaron juntos en un estudio.

40 años sin Beatles.





para mí, unos GRANDES.

miércoles, 9 de septiembre de 2009






KILÓMETRO CERO

Estaba emocionada. Pero pensé que debería dejar pasar un tiempo para escribir con algo de distancia lo que acababa de vivir. Alguien había saltado el kilómetro cero, SU kilómetro cero. Me subí en el tren de vuelta a Madrid con la cabeza burbujeante por lo que había vivido. Estaba agotada. Me había levantado a las seis de la mañana para coger un tren y lanzarme a un día repleto de experiencias. Me senté en el tren a las siete de la tarde y respiré hondo, me veía sonreír reflejada en el cristal de la ventana. Había mucho silencio y cerré los ojos para tratar de frenar todos los pensamientos que pasaban por mi cabeza.

El estudio sobre mujeres drogodependientes maltratadas por sus parejas llevaba ya mucho tiempo en rodaje: lo habíamos diseñado hacía unos meses, calculado meticulosamente la metodología más apropiada, contactado con los recursos a los que íbamos a visitar para que los profesionales nos contaran su experiencia al respecto … Yo nunca había estado en una Comunidad Terapéutica o en un piso de reinserción de drogodependientes. Tampoco me había enfrentado a las vivencias tan duras por las que han pasado esas mujeres que ahora dan palmas y bailan flamenco en el patio del recurso residencial donde conviven todas juntas para salir de su adicción.

Era marzo y hacía un tiempo gris; no lo pensé cuando salí de casa por la mañana, pensando que en el sur siempre tiene que hacer calor. Ya, tópicos. Como en tantas cosas. También en esto. Cuando llegué a la estación a primera hora de la mañana me esperaba allí uno de los profesionales de la comunidad terapéutica para mujeres que había ido a conocer. Nos subimos en su coche y pusimos rumbo a la casa, a unos 50 kilómetros de la ciudad. Desde la carretera me señaló una enorme casona rodeada de vegetación. La de veces que durante un viaje habré pasado delante de algún espacio de este tipo y habré pensado: menudas casas tiene la gente, qué bien viven. Subimos con el coche por el camino de tierra rodeados de plantas; la casa era blanca, de estilo andaluz. Bajamos del coche y fue en lo primero que me fijé: un mojón de kilómetro cero a la entrada de la casa. Pasamos dentro. Me enseñaron la estancia, las habitaciones, las zonas comunes. Conocí a A. una chica muy joven que pintaba algo en la sala de actividades. Y contemplé las vistas que se observan desde la terraza trasera: la Sierra. Amplitud. Libertad.

Una vez hube hablado con las psicólogas, con el médico, con el coordinador del recurso, mientras se escuchaba afuera a las mujeres disfrutar de su tiempo libre, apagué la grabadora digital que normalmente utilizo para no olvidar nada importante de lo dicho.

De pronto se escuchó ruido, movimiento, risas nerviosas; las mujeres corriendo aceleradas de un sitio para otro. -Vas a tener suerte- me dijo el médico- poca gente puede decir que ha vivido algo así: hoy recibe el alta una de las usuarias. Vas a ver todo el rito que se genera alrededor-. Reconozco que se me contagiaron los nervios, porque no sabía qué iba a pasar, por imaginar que iba a ser partícipe de un momento fundamental en la vida de una persona y que iba a compartir con todas ellas todo lo que suponía, también el fin de unos meses de convivencia duros e intensos.

Entramos en una sala donde me senté con las y los profesionales y las quince mujeres en sillas dispuestas en corro. Ellas me sonreían pero me miraban curiosas. Yo hubo un momento en el que me sentí un poco intrusa, aunque muy afortunada. Me senté y guardé silencio, tratando de pasar lo más inadvertida posible y ser respetuosa. Una mujer comenzó a hablar. Fue dirigiéndose una por una a las compañeras que la escuchaban. No pude evitar fijarme en cada una de ellas. Muchas lloraban y miraban hacia abajo. Jugaban con los anillos y se sonaban la nariz. Una de ellas permanecía llamativamente encogida en su silla. -Y tú, J., que llevas aquí una semana … - le dijo la mujer que recibía aquella mañana el alta.

Y siguió. -Y tú, M. que luches por tus hijos. Y tú, S. que sigas echándole ganas. Y tú, M.R. que eres como mi hija, que me has recordado a ellos y por eso hoy salgo de aquí. Y tú, T. que te quieras un poco más-. Y después a los profesionales, - J. que me perdones por si… I. gracias por…. - Y se dio un largo abrazo con una de sus terapeutas.

Yo apretaba los labios. Sinceramente. Los apretaba hasta hacerme daño. Notaba la emoción a punto de estallarme en los ojos. Pero pensé que debía contener las lágrimas aunque allí todo el mundo lloraba. Apretaba mi carpeta contra mí, como una adolescente inquieta y sin saber cómo reaccionar, y seguía escuchando y viviendo todo aquello. Después nos levantamos y nos dirigimos al patio de salida. Donde estaba el mojón de kilómetro cero. Nos pusimos todos juntos en grupo, de pie, y una de las mujeres fue repartiendo unos folios. Me fijé, era la canción “Desde mi libertad”. Me puse detrás del grupo. La mujer que iba a ser dada de alta se puso al principio. Y empezaron a cantar.

-Esto es un rito que han instaurado ellas. Cada vez que una recibe el alta hacen todo esto. La verdad es que es muy intenso y emocionante- Me dijo el médico, que también vivía aquello con emoción contenida.

“no llevaré ninguna imagen de aquí, me iré desnuda igual que nací. Quiero empezar a ser yo misma y saber que soy capaz y que ando por mi pie. Desde mi libertad soy fuerte porque soy mortal, nunca me enseñaron a volar pero el vuelo debo alzar…”

Voces agudas, graves, entonadas, desafinadas… Pero todas concentradas en cantar lo más seguras y convencidas posibles. La última estrofa callaron todas y la cantó únicamente ella, que iba a alzar su vuelo en esa misma mañana.

Y aplaudieron. A rabiar. Gritando su nombre.

Después se pusieron todas formando una especie de túnel con los brazos, en dirección al mojón del kilómetro cero. Y ella lo recorrió. Recorrió el río de brazos que la empujaba hacia su nueva vida.

Y saltó el kilómetro cero. Con un gran salto esquivó el mojón.

Cuando la furgoneta que la llevaba a la ciudad giró la cuesta que se veía desde la terraza trasera, el paisaje amplio y libre de la sierra, ella salió del coche y gritó: ¿¡Cómo os quiero?! Y las demás, pegadas a la verja, con las manos agarrando el alambre, respondieron: ¡TODAS FUERA! E hicieron sonar fuertemente una campana que colgaba del techo. La campana y esos gritos de esperanza retumbaron en la tranquilidad del paisaje.


S. ha salido S.




Los folios con la letra de la canción los habían usado otras veces, se notaba al tacto. También el kilómetro cero lo ha sido de muchas otras mujeres. Y lo será. Quizá ahora mismo lo esté siendo.









violeta. junio 09
[Epílogo de mi estudio sobre mujeres drogodependientes maltratadas por sus parejas o ex parejas]