domingo, 24 de julio de 2016

habrá que admitir
que no todas las ciudades
tendrán esos ojos
mirándome como si
en cada esquina
fuese a estallar un crepúsculo
y que detrás de cada historia
y de cada combatiente
estaremos
nosotros
intentando reconstruir nuestro
pequeño mundo de ahora
porque yo hace diez años no conocía
cómo pueden volar las estrellas
si no tienen alas
o cómo hay doscientos millones de personas
de las que nunca adivinaré el nombre
y que más allá de las palabras había
un murmullo
inquietante
sobre el que ir aposentando toda una letra
de una canción
que ahora reposa con el rostro lleno de imágenes
en un semisótano
con luz natural y olor a orquídeas
a veces los abrazos de un desconocido
me reconcilian con esa sombra etérea y lánguida
que trato de mantener a raya hasta la medianoche
porque los desconocidos son mis eternas dudas
siempre
sobre cómo soy, cómo fui
dónde me quedé
y sobre todo, para qué lo hice
y los restos del baile, o de la lluvia
o de paseo infinito hasta el borde del océano
que sea dejando que me toque mi propia piel caliente
y pensando que a alguien le siguen pareciendo gigantes
mis escasos ojos miopes
que van cargados de ganas de mirarme a mí misma
con la misma intensidad
con la que a veces
también
respiro
y busco
compartir ese aliento
Violeta. Julio2016

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