viernes, 5 de septiembre de 2014

aquí

aquí se vive bien, tranquilo
de vez en cuando gritan los escorpiones
y hay que tragar saliva para no escucharlos
y pensar que esto
puede ocurrir en cualquier lugar

al final conseguí matar a todos los fantasmas
o al menos sobrevivir a ellos
-tampoco quiero encender batallas que no sé si he ganado-
y me atrevo a pasear bajo vías de tren buscando la arena de la playa que baila
y ya nadie se atreve a decirme que no me atreví, que no pude

sí echo de menos aquellas enormes torres de granito, la inmensidad de lo conocido,
encontrarme a gente por la calle y que aquello parezca un pueblo
pero al final el camino hemos de hacerlo nosotros
y cruzarse con sombras que dan palmadas en la espalda no es indispensable
además puedo volar, y vuelo,
y es como si la tierra uniese distintos idiomas
realmente ahora conozco más millones de historias que antes
y puedo observar desde las aceras más ventanas iluminadas e imaginarme qué las llena

no sé si cambiarán los árboles o si los espesos bosques que los agrupan
querrán alguna vez darme la espalda
pero el paso cada vez es más firme
el miedo
/la por/
el silencio, la escarcha, más verano y otras navidades
me aseguran que la paz aquí también se busca en cada rutina diaria

y voy haciendo:
cada tarde paseo, a veces me permito llorar
otras decido romper fronteras
y otras
simplemente
veo transcurrir los sueños cumplidos de cada niño en su columpio

así que ya puedo dormir con los ojos cerrados
con esa pizca de algo en la izquierda del pecho
pero siempre a la espera del amanecer
que
aquí
en este trozo de mundo

siempre huele a mar



violeta.sept2014