
princesas que no existen
/erase que se era/
vengo a salvarte el alma de dolores de otros
a contarte que tienes mis pasos a tientas en tu oído
entonces yo
giro la cara en medio de algún espacio ya común aún de todos
pero que hemos convertido en nuestro pozo de aguas que convergen
y me despido
con un
ojalá nunca vuelva a creer en ellos
ni en los dragones que matan para guardarse mis trenzas de esparto
a modo de fetiche
a modo de trofeo
ni en las espadas que empuñan para defender honores
porque entonces volveremos a escribir sobre princesas que no existen
y recordaré tus manos suaves
dibujando el perfil de mis caderas
/como en un cuadro el lienzo los horizontes la calma/
y desapareceré con las zapatillas desabrochadas
corriendo escaleras abajo
teniendo cuidado para no despertarte entre esas paredes que también sostienen gemidos de otros
y un cuarto de baño con champú de hotel
y toallas bordadas con un nombre propio
para las que vuelvo a ser otra desconocida
como si perdiera parte de la ropa que me desnuda
cuando estoy frente a ti
/dos instantes algunos días ahí en medio/
como si arrancarme camisetas de rallas fuera deshacerme
de costuras mal remendadas
y entonces
no quiero volver a creerme esos finales felices obligados
porque esta ciudad y los reinos encantados
a veces te tienen a ti
detrás del cristal que observa cómo me destrozo en desamores
cómo trato de desprenderme de cariños
.
.
.
te acercas por la espalda
pegando toda tu piel a mi piel mojada
.
.
.
y se me hace complicado
renunciar
a creer en los cuentos
violeta. mayo- 08
[a todas las princesas que no existen]
3 comentarios:
qué bonito y qué triste
colorín.
sólo colorín,
porqué ponerle el colorado.
no, que nadie venga a salvarme de los dolores de otros... me sobra sólo con respirar tu aliento, el que me han robado
te quiero, guapa!
Yo nunca quise ser princesa de ningún cuento, prefería ser pirata o alicia detras de un espejo aunque fuera roto.
Nos debemos unas cuantas palabras... y una sonrisa.
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