viernes, 22 de febrero de 2008



(crepúsculo urbano)

yo guardaba para ti un crepúsculo en el hueco de mis manos
para plantarlo contigo en el alféizar de la ventana
que daba a ese patio interior
oscuro y silencioso
lleno de cuerdas roídas para tender la ropa
y geranios en macetas
calladas
y abandonadas por sus dueños

yo tenía un crepúsculo reservado para nosotros
cada domingo
en la proa de tu cama a la deriva
veíamos juntos dibujos animados japoneses
y observábamos nuestros rostros entumecidos
y nuestros ojos
de
/buenos días
creo que te quiero
te pareces a una libélula de cristal disfrazada de marisma
y tienes una belleza tan infinita

.
.
.

ponte ahí delante
que voy a retratarte los brazos con mis versos/

y yo escondía ese crepúsculo
/que siempre fue del color del lunar de tu iris/
bajo la falda remangada
para cuando llegase el momento de decirte que mi idea era
un poco
seguir abriendo la ventana cada veinticuatro horas y media
y observarte dormir a mi lado derecho
desnudo
y moreno de reflejos

/mi crepúsculo/


violeta, febrero-08

4 comentarios:

E dijo...

Esto es lo que quería decir el otro día con lo de la línea de fondo,
la columna vertebral de nuestra poesía.

El escalofrío que siempre está ahí cuando se va la luz-de-sol-de-viernes.

Ese tipo de cosas.

Supongo que sabes que es buenísimo y que me encanta, así que pa qué te lo voy a decir.

isabel dijo...

qué bonito, tía
precioso

Marta Noviembre dijo...

Buenos, días, yo creo que te quiero a tí. Será por cómo sonríes, o por cómo escribes, o porque eres tú...

Gloria dijo...

sí, la columna vertebral...eso que ayuda a escribir los "podría haberlo escrito"

ya sabes, perder es una forma de ganar.