
(charcos en Malasaña)
mi garganta se marchita
para que tú
ahora
te desenfrenes
y te conviertas en la sangre que me late
/y que me hace latir/
y me corras a zancadas por las sienes
por los ojos para tus ojos acastañados
y aspires
mis flores llenas de olores tuyos
en mis gritos de no aguantar
y calmes el nervio reventado
a punto de dar las diez
y un abrazo
escondido
y cómplice
cuando ya no me importa
que se descubra
que tú y yo
caminanos acompasados
por Malasaña
pisando ecos y empedrados
/noviembres/
o por la última plaza
a la que
a veces
podemos llamar tu cuarto
violeta, nov-07
5 comentarios:
Cuántas historias tiene Malasaña, ¿verdad? Cuando tengo 70 años me seguiré acordando.
Violeta, muñeca, ¿cómo fue el aquelarre? Espero que precioso, qué lástima perdérmelo... Por cierto, has utilizado una foto de Malasaña que también utilicé yo para un poema, creo que pensando en la misma calle... Ahora es una canción, seguro que la oirás pronto. U beso, linda, preciosos versos encadenados, como siempre son los tuyos.
No te escondas porque todo se descubre y, sobre todo, porque seguro que no hacías algo malo.
Y a mí personalmente me has hecho un poquito más feliz. Por elegir esos ojos acastañados, por pasear por Malasaña, pero sobre todo porque nunca merece la pena ocultarse.
Además, tus poemas cambian de verbo y de tiempo verbal.
Y eso, eso es genial.
Sigues desgranando muy bien las palabras. x
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