[del amor al odio y después a la indiferencia]
cuando ni siquiera queda el odio
y se roza la indiferencia
porque estamos a dos pasos de distancia
y aún así el abismo se reconoce profundo
entre la puerta y el rincón del fondo
el aire contamina la luz que nos rodea
y el humo del tabaco
de los otros
el que yo fumé contigo
lamiéndolo de tus labios
ahí
donde
nos hemos hecho a nosotros mismos
y me aplaudes sin querer mirarme
con falsas palmaditas en la espalda dolorida
como cuando huíamos a la esquina de la calle
a mirarnos de frente
y de la mano
y al final decidimos
que en privado podía ser más emocionante
y nos tocamos tan de cerca
como lo hacen las mariposas
aspiré vino en tus vasos descoloridos
acompasamos voces
soplamos espumas
y nos recordamos secretos
pero hoy paso a tu lado
y sonríes como si los siglos
no hubiesen dejado huella
ni en tu piel
ni en la mía
huyes en tu gesto
pero me provocas con tu perfil enmascarado
y sigues siendo el mismo de siempre
cuando se pronuncia tu nombre y acudes
no voy a volver a llamar a tu puerta
con los nudillos temblorosos temiendo despertarte
o pidiéndote perdón
por ser como siempre he querido
alguien decidió abandonar
a las tres de la mañana
dejando un rastro de café amargo y posos de noche
ahogándose de penumbra y miedos
como quien se cala el sombrero hasta las cejas
y deja caer la ceniza
del humo
y hace del silencio
y la venganza
su mejor arma de defensa
/por lo menos te permites no mentir en la apariencia/
no voy a perder el tiempo en unas cuantas actitudes ajenas
para mí eso no es ningún castigo
avanzo al ritmo
que el más que vivir me impone
Violeta, octubre 07
5 comentarios:
ostía,
yo sigo acojonado
con tu escritura.....
mamma....
Violeta, a los demonios del pasado hay que exorcizarlos, no recordarlos, que eso no hace bien nunca.
Muakas.
Estoy con UB, que aunque no queramos, somos muy dependientes.
mi comentario no lo voy a hacer publico.
pasmome
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