no sé cómo decirte
que lo que a ti te pasa es esa edad
y lo pienso mientras reposas tu cabeza plateada en mi hombro
como si fuese una antorcha apagada
aún no eran las ocho de la mañana
y envuelta en tu batín rosa me dabas la sensación de quebrarte
de ir arrodillándote poco a poco
pidiéndote perdón por tener tantos miedos
por no reconocerte en tus manos siempre fuertes
y con treinta años más a tus
espaldas
me preguntas a mí si esto pasará algún día
y yo entonces parezco una eterna superviviente
/supongo que la juventud tiene la culpa/
qué hace que miremos atrás y ahora nos cubran las dudas
tenías ojos de no haber dormido y haber pasado la noche entre brumas
los fantasmas no existen
pero se agolpan escaleras mecánicas y carreteras secundarias
en las esquinas del pasado
la mente como un espejismo de lo que nos espera
buscaste tus pastillas en el armario
mientras empequeñecías y los pies se te hacían diminutos
en tus zapatillas de felpa
dónde está la cara iluminada
dónde están los deseos, las ganas, los planes
hace casi quince años que puedo acariciarte el alma sin mirarte desde
abajo
sin saber ahora quién es la madre
quién reconforta
y en tu espalda aguardan aún muchos viajes
siempre tendrás esas piernas bonitas como de mujer felíz
que baila en las verbenas
dos líneas azules en tus párpados
como el cielo al que mirar cuando hace falta
si quieres te acompaño yo ahora en los paseos agarradas del brazo
como cuando yo te decía que la locura se posaba en mi rostro
sin saber ahora quién es la madre
quién reconforta
tenías ojos de no haber dormido y haber pasado la noche entre brumas
y lo pienso mientras reposas tu cabeza plateada en mi hombro
como si fuese una antorcha apagada
hace casi quince años que puedo acariciarte el alma sin mirarte desde
abajo
violeta, abril 2013
1 comentario:
Es un poema precios, Violeta, lleno de rincones tiernos, de huecos donde dejar reposar los versos cómplices y la nostalgia de la niñez, lleno sobre todo de complicidad y amor...
Un abrazo, poeta.
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