Madrid no importa
Madrid no importa
ni los chinos simpáticos de Jerónimo
de la Quintana
ni el grafitti de la vida es maravilla
ni la heladería de las horchatas
que sólo abre tres meses al año
ni la calle Fuencarral a partir del Café Comercial
ni los modernos del bigote
no importan las señoras que se asoman
a su balcón de Espíritu Santo para regar los geranios
ni el frutero del mercado de Barceló
no importa la Gran Vía al atardecer
no importa Preciados atestada en Navidad
no importan las terrazas del Dos de Mayo
ni los paseos curioseando tiendas por Malasaña
ni el grafitti de la vida es maravilla
ni la heladería de las horchatas
que sólo abre tres meses al año
ni la calle Fuencarral a partir del Café Comercial
ni los modernos del bigote
no importan las señoras que se asoman
a su balcón de Espíritu Santo para regar los geranios
ni el frutero del mercado de Barceló
no importa la Gran Vía al atardecer
no importa Preciados atestada en Navidad
no importan las terrazas del Dos de Mayo
ni los paseos curioseando tiendas por Malasaña
ni los desayunos con churros a la altura de Oporto
ni el bulevar de Alonso Martínez
ni los portales de Fernando VI
no importan las patatas con costilla de Amor en Vallecas
no importa el Retiro con sus mimos disfrazados de personas
no importa el Retiro con sus mimos disfrazados de personas
ni los yonkis del parque Paraíso en Simancas
ni la Castellana a la altura del Paseo del Prado
ni los restaurantes indios de Lavapiés
ni la Castellana a la altura del Paseo del Prado
ni los restaurantes indios de Lavapiés
no importan las casas sin paredes de Galileo
los primeros interiores llegando a Quevedo
ni las vistas desde la terraza del Círculo de Bellas Artes
no importa la luz de esta ciudad inmensa
no importan sus charcos, sus pobres, sus zanjas
ni las vistas desde la terraza del Círculo de Bellas Artes
no importa la luz de esta ciudad inmensa
no importan sus charcos, sus pobres, sus zanjas
no importan sus buhardillas
tridimensionales
sus particulares torres inclinadas
el olor de los ríos de rosas
las infinitas escaleras mecánicas
del metro de Plaza de España
las aceras estrechas de adoquines de
espejos
no importa su enorme inhumanidad
acostumbrada
no importan sus atascos, sus desatinos,
sus contaminaciones
ni los barrios que nunca he conocido
ni los cines que poco a poco van
cerrando
ni los rascacielos de Azca
ni la antigua tienda de maquetas
ni la antigua tienda de maquetas
no importa la foto desde Las Vistillas
no importa Juan de Dios, el que pide en el parking de Las Descalzas
no importa el Rastro
los batidos de chocolate de El Manuela
la calle Bravo Murillo reconvertida
en La Habana
la mujer punki mayor que siempre va vestida de negro
los heavys que se paran justo en frente del antiguo Madrid Rock
los señores pijos del barrio de Salamanca
el hombre que regala sus poesías en la Casa del Libro
el hombre que regala sus poesías en la Casa del Libro
no importan las tiendas de Serrano a las que nunca voy
no importa mi antiguo colegio cerca del Bernabeu
la cafetería de la facultad decorada de proclamas
la vendedora de periódicos que me guarda El País
el de la farmacia que se conoce mi crema hidratante
el portero de la casa de mis padres
las princesas de la calle
Montera
su gente invisible, su gente de
nunca, su gente de todos los puntos cardinales
toda mi gente: la desaparecida y la recurrente
.
su silencio perenne que hay que
saber escuchar
su abrazo descabalado, su presencia
asfixiante
su eco aquí en medio
.
importa
/ojalá no importara/
Violeta. Agosto, 2012

1 comentario:
Inmortal crónica de nuestros días en Madrid; sus aires te echarán de menos. ¡Un besazo!
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