jueves, 2 de septiembre de 2010




mis queridas señoras

Ayer fui al cine a ver la peli de Depardiéu. O lo intenté. Igual que el domingo fui a ver la nueva de Woody Allen. O lo intenté, también.

Lo digo por esas señoras que van al cine a contarse su vida. Porque son señoras, con todo el dolor de mi corazón lo digo. Porque hombres que hagan eso en el cine, pocos, o yo he visto pocos. O bueno, hombres que lo hagan (contarse su vida entre ellos, a no ser sus proezas sexueales, y contar su vida en general) hay pocos, así grosso modo.

Y digo yo, ¿no podrán quedar antes a contárselo todo? Se toman un cafesito y se dicen las enfermedades o los problemas de su hija con el marido. Sintiéndolo mucho de nuevo, y a riesgo de caer en estereotipos, suele ser así, de nuevo. Eso, como suelen ir a la sesión de las ocho de la tarde les da tiempo a una merienda de tortitas en el VIPS y contarse sus vivencias. Y si necesitan más tiempo pues que queden a comer …¡o a desayunar!. Pero, por favor, que nos dejen al resto enterarnos de la película.

Cuando llego al cine y veo una legión de señoras me echo a temblar. Y ya me enfado conmigo misma por haber ido a esa sesión (y a ese cine en concreto, porque hay algunos de ellos donde este fenómeno social –la aglomeración de tercera edad en momento lúdicofestivocultureta- es especialmente significativo) o por haber mantenido la esperanza de que en esa ocasión no iba a suceder. Pero claro, no es así. Estas personas son gente de costumbres, con sus horarios y sus cosas. Como yo, que tengo 40 años menos e iguales costumbres. La de que me gusta esa hora para ir al cine, vamos. Y no pienso renunciar a ello. Con lo cual tengo un problema. Ver la peli en casa pues está bien, pero lo de ir al cine es distinto, me gusta más, vaya. En pantalla grande y participando de las emociones con más gente. Pero participando de las emociones hasta un límite, y no de las recetas de cocina o del último cotilleo del corazón.

Intento llegar al cine pronto, para entrar antes que ellas en la sala y coger sitio estratégico, que piense yo que está relativamente alejado del cuchicheo. Pero es imposible, aunque llegue una hora antes cuando entro en la sala correspondiente observo aterrorizada que ellas ya llevan por lo menos media hora instaladas, parloteando sin parar. Además es que por muy pronto que llegue es cuestión de cantidad: si ellas son 60 y yo voy sola o con una persona (habitualmente es así) pues no hay manera de hacerse fuerte. Estoy pensando en organizar un movimiento social, un grupo de personas entre 25 y 50 años para organizar la resistencia (menores de 25 años no, porque los adolescentes también son de contarse el último ligue en el cine…o de ligar en el cine a grito pelao, vamos).

Bueno, pues cuando compruebo que haga lo que haga las señoras ya están sentaditas en las butacas intento tantear qué grupito es el que está hablando menos, y allí me coloco. Pero es que hay algunas que se animan, y si mientras la pantalla no está encendida o durante los traillers solo muestran las típicas onomatopeyas cuando aparece una escena de sexo, cuando empieza la peli y a lo largo del tiempo que dure supongo que empiezan a acordarse de repente de que tienen que contarse la última bronca con la nuera o yo que sé ¡y el carrete no para! Así que ese truco de fichar quién habla menos durante los minutos previos muchas veces (demasiadas) no tiene validez.

Lo peor es cuando estás sentado entre dos grupitos de señoras de los que más hablan; ya no es que no te enteres de la peli, es que como están los dos grupos hablando a la vez no puedes enterarte ni siquiera de las historias que se cuentan… ¡Ya que estamos pues de algo habrá que enterarse…!

Y el truco de sentarse lo más alejado de las señoras pues no es muy útil … para ver la peli, porque claro, ellas ya se han ubicado en los mejores sitios y tú puedes acabar en la última butaca del gallinero. Con todos sus enormes pelos cardados de peluquería tapándote la visión. ¿Cómo puede ser que esos pelos queden como flotando en el aire…?, ¿lo habéis comprobado….?; ¿el pelo deja de tener gravedad a una edad….? No sé.

Eso sí, no suelen comer palomitas ni sorber la fanta. Menos mal. Y no pienso decir por qué, aunque lo estoy pensando. Sería una maldad absolutamente fuera de lugar. O dentro. Pero bueno, aquí lo dejo. Por respeto a cómo es probable que sea dentro de algunos años… (Si todas las señoras son y actúan así pues por algo será).

Algunas de estas mujeres también son expertas en cine, así de repente, por lo que parece, y sueltan parrafadas extensísimas sobre la trayectoria cinematográfica de no sé qué director, con análisis sesudos incluidos. Tipo José Luis Garci.

En fin, impresionante.

No voy a decir los cines del Centro de Madrid que sufren de este terrorífico escenario. Pero ganas me da. Además, seguro que ya lo habéis comprobado y los tenéis perfectamente localizados…

Vamos, que además del anuncio ese en el que sustituyen al prota de una peli famosa por un menda cualquiera al que le suena el móvil para anunciar que se apague el teléfono durante la proyección… deberían hacer algo así para esto. Incluso debería haber un concurso público para presentar propuestas. Esto ya es un problema de salud (mental y cultural) de orden público.

Con todo mi cariño a las señoras, que además de no parar de hablar en el cine y de ocupar toda la acera cuando van en grupo, a mí por lo menos me llaman “niña”, cosa que hace mucha ilusión cuando otros ya me llaman “señora”.

violeta. sept 2010
imagen de Internet

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