martes, 4 de agosto de 2009




poema de temporada


la gente se quiere al borde de la playa
se ama
desnuda
lejos de convencionalismos
enseña pieles rasuradas y siembra renovada libertad y castillos de arena
es curioso cómo la carne humana deja de ser pecado en según qué espacios permitidos
observa a sus iguales remoloneando en las toallas
puede estar toda una tarde ahogándose en un mar que se parece al viento en tormenta
que trasluce peces venenosos y otras plantas amigas
las horas son como la calma pretendida
un ser lejano y extraño como el sol deja su marca en espaldas urbanas
no acostumbradas a siestas en huecos de arena
se piensa que aquello es un desierto en el principio de otra vida mejor y para siempre
y hay lecturas y hay conversaciones y hay ganas de pensarse intemporal en ese momento
no importan las arrugas que atormentan a principios de eneros en un espejo triste
nos perdonamos ser perezosos
pensamos en promesas de principios de curso
dejar de fumar
y escupir a jefes con exceso de autoridad y mal gusto en las corbatas
buceamos y somos aprendices de sirenos en ese mundo ajeno que nos apropiamos cada estío

convertimos en refugio a la humanidad que en días de atasco mataríamos
pero que en ese intervalo dejamos de odiar y convertimos en hermana
y observamos la belleza de los seres humanos mezclados con olas y barros terapéuticos

nos olvidamos de sueños libidinosos con las cuñadas
nos creemos buenas personas
hacemos propósitos de enmienda con nuestro otro yo que patalea
y sonreímos con la pareja vecina que da el primer baño marino a su hijo

y observamos la belleza de los seres humanos
la humanidad entera que en ese paréntesis esconde las vergüenzas e imperfecciones
y nos queremos sentir
más que nunca

parte de esa gente anónima que se ama desnuda en la playa








violeta. agosto-09
[Imagen: Niños en la playa. Joaquín Sorolla. 1910]

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