domingo, 29 de julio de 2007




/¿qué te pasa en los ojos
por qué son de ese color tan verde?/

la niña marroquí nunca había visto
un millón de luciérnagas ahogadas en un iris
por eso le preguntó a Laura a través de gestos
señalando asombrada con su manita

y el autobús saltó sobre un bache
unos cuantos viajeros bajaron a comprar frutas en el mercado
situado en los márgenes de la carretera
y un vagabundo ciego extendió su mano arrugada
para que le diéramos unos cuantos dirhams

/no
lo siento/

no sé si me entendió
pero bajó del vehículo
recitando una serie constante de palabras

yo pensé que estaría llamando a Alá es Grande

el desierto engulló las ruedas
y el calor provocó que el sudor
despintara las quemaduras de mis hombros

arrugué la frente seca y gastada
eché un trago a la botella caliente de zumo
y le dí lo que sobraba a la niña sorprendida por los ojos verdes

se llamaba María
porque su padre era español
pero su madre marroquí
oscura y cubierta con una túnica malva
que contrastaba con el color de su piel

María tenía el pelo peinado en finas trencitas
y se hizo un moño que sujetó con una goma ancha

era presumida
a pesar de que sus pies
pisaran moscas muertas
y suelos pobres de tierra arrasada

le hicimos una foto con la cámara digital
que fue pasando por todos los viajeros
que admiraron más el aparato
que a la propia niña retratada

el viaje de Marrakech a Essaouira duró tres horas
y los niños que viajaban
no dijeron

/mamá queda mucho/
/mamá quiero hacer pis/

sólo dormían y miraban por la ventana el paisaje
que a mí me hipnotizó desde el primer momento

y se subió un campesino que aparcó su saco de hortalizas
en uno de los asientos del autobús
y no hubo sitio para una madre y su hija
a las que acomodaron en las escaleras de subida

desayunamos magdalenas árabes sentadas en los asientos traseros
en ningún momento corrí las cortinas viejas y sucias de las ventanas
ni cuando el calor rozaba los cuarenta y cinco grados

quería ver a los comerciantes
a los que conducían a sus ovejas sedientas
a esa mujer árabe vestida mucho más occidental
que cualquiera de nosotras
a los que conversaban sentados en las puertas de las casas
con sus turbantes claros
y sus barbas largas y canosas
como si no existieran tiempos que ajustar
cuando hacíamos alguna parada en pequeños pueblos crecidos
en mitad de ninguna parte

al final del viaje cargamos con nuestras mochilas
y bajamos rápidas del autobús
porque afuera esperaban ansiosos nuevos viajeros
que habían pagado por un hueco en al autobús dirección Marrakech
pero no sabían si podrían viajar sentados
o de pié en el pasillo

noté la espalda mojada
y las rodillas doloridas
pero pisé con ganas la arena desgastada
y anclé bien firme mi pie moreno al camino
deseosa de andarlo

María desapareció
con un trozo de verde en sus ojos

Violeta, julio-07
(Cuaderno de Marruecos. Parte II)

*Imagen: http://www.totalwind.net/windsurf/wp-content/uploads/essaouira.jpg

[...os cuento mi escapada veraniega...]

1 comentario:

isabel dijo...

eso! cuentaaaaa
besosbonita