
/¿qué te pasa en los ojos
por qué son de ese color tan verde?/
la niña marroquí nunca había visto
un millón de luciérnagas ahogadas en un iris
por eso le preguntó a Laura a través de gestos
señalando asombrada con su manita
y el autobús saltó sobre un bache
unos cuantos viajeros bajaron a comprar frutas en el mercado
situado en los márgenes de la carretera
y un vagabundo ciego extendió su mano arrugada
para que le diéramos unos cuantos dirhams
/no
lo siento/
no sé si me entendió
pero bajó del vehículo
recitando una serie constante de palabras
yo pensé que estaría llamando a Alá es Grande
el desierto engulló las ruedas
y el calor provocó que el sudor
despintara las quemaduras de mis hombros
arrugué la frente seca y gastada
eché un trago a la botella caliente de zumo
y le dí lo que sobraba a la niña sorprendida por los ojos verdes
se llamaba María
porque su padre era español
pero su madre marroquí
oscura y cubierta con una túnica malva
que contrastaba con el color de su piel
María tenía el pelo peinado en finas trencitas
y se hizo un moño que sujetó con una goma ancha
era presumida
a pesar de que sus pies
pisaran moscas muertas
y suelos pobres de tierra arrasada
le hicimos una foto con la cámara digital
que fue pasando por todos los viajeros
que admiraron más el aparato
que a la propia niña retratada
el viaje de Marrakech a Essaouira duró tres horas
y los niños que viajaban
no dijeron
/mamá queda mucho/
/mamá quiero hacer pis/
sólo dormían y miraban por la ventana el paisaje
que a mí me hipnotizó desde el primer momento
y se subió un campesino que aparcó su saco de hortalizas
en uno de los asientos del autobús
y no hubo sitio para una madre y su hija
a las que acomodaron en las escaleras de subida
desayunamos magdalenas árabes sentadas en los asientos traseros
en ningún momento corrí las cortinas viejas y sucias de las ventanas
ni cuando el calor rozaba los cuarenta y cinco grados
quería ver a los comerciantes
a los que conducían a sus ovejas sedientas
a esa mujer árabe vestida mucho más occidental
que cualquiera de nosotras
a los que conversaban sentados en las puertas de las casas
con sus turbantes claros
y sus barbas largas y canosas
como si no existieran tiempos que ajustar
cuando hacíamos alguna parada en pequeños pueblos crecidos
en mitad de ninguna parte
al final del viaje cargamos con nuestras mochilas
y bajamos rápidas del autobús
porque afuera esperaban ansiosos nuevos viajeros
que habían pagado por un hueco en al autobús dirección Marrakech
pero no sabían si podrían viajar sentados
o de pié en el pasillo
noté la espalda mojada
y las rodillas doloridas
pero pisé con ganas la arena desgastada
y anclé bien firme mi pie moreno al camino
deseosa de andarlo
María desapareció
con un trozo de verde en sus ojos
Violeta, julio-07
(Cuaderno de Marruecos. Parte II)
*Imagen: http://www.totalwind.net/windsurf/wp-content/uploads/essaouira.jpg
[...os cuento mi escapada veraniega...]
1 comentario:
eso! cuentaaaaa
besosbonita
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