
Olas de tres de bastos y cinco de copas
El sol me quemaba aquella tarde
justo en la esquina traviesa
donde las dunas
reptan su doblez por mi escote.
Me di la vuelta
y clavé los ojos arenosos
en el espacio donde la niña
dibujaba
no sé qué intento
por pisar el agua sin mojarse
e interrumpía
mi postura de manos
sujetándome la conciencia
y encima
el cielo abotargado de silencios.
(No coincidimos en el tiempo
de ir a buscar
peces muertos
en la orilla de mi boca)
Alguien echó sobre la toalla el cinco de copas
y entonces es que debió ganar la partida...
No sé.
Nunca he sabido jugar al tres de bastos
por eso
siempre
acabo desperdigada en la marisma
recogiéndome entre sirenas rotas
y cojines de algas grises...
Violeta
(marzo-07)
*Imagen: eriosoft.com/arandanilla/page/59/
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