sábado, 3 de marzo de 2007





Olas de tres de bastos y cinco de copas



El sol me quemaba aquella tarde

justo en la esquina traviesa

donde las dunas

reptan su doblez por mi escote.


Me di la vuelta

y clavé los ojos arenosos

en el espacio donde la niña

dibujaba

no sé qué intento

por pisar el agua sin mojarse

e interrumpía

mi postura de manos

sujetándome la conciencia

y encima

el cielo abotargado de silencios.



(No coincidimos en el tiempo

de ir a buscar

peces muertos

en la orilla de mi boca)



Alguien echó sobre la toalla el cinco de copas

y entonces es que debió ganar la partida...


No sé.

Nunca he sabido jugar al tres de bastos

por eso
siempre

acabo desperdigada en la marisma

recogiéndome entre sirenas rotas

y cojines de algas grises...



Violeta

(marzo-07)




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